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Alemán, Oscar

(Por Néstor Pinsón)

Guitarrista
(20 de febrero de 1909 - 14 de octubre de 1980)
Nombre completo: Oscar Marcelo Alemán

Para quienes lo conocimos, su nombre es sinónimo de jazz. Sin embargo, tuvo su tiempo para el tango. Las circunstancias de la vida lo condujeron al ritmo foráneo.

Nació en el noreste argentino, en la Provincia del Chaco, en la localidad de Machagai. Comenzó con el folclore y las danzas nativas, fue en 1915 cuando con sólo seis años de edad integraba el “Sexteto Moreira”, junto a su padre Jorge Alemán Moreira —guitarrista uruguayo—, su madre Micaela Pereyra —pianista e india toba— y tres de sus hermanos.

Vinieron a Buenos Aires y buscaron trabajo. Se emplearon en elencos de segunda categoría. Oscar hacía malabarismo, bailaba malambo, zapateaba. Finalmente, emigró con su padre y sus hermanos a la ciudad de Santos, en Brasil. La madre no viajó.

Poco tiempo después, sobrevino el suicidio de su papá y los hermanos se disgregaron. Para ganarse la vida abría las puertas de los automóviles que arribaban al cabaret Miramar y soñaba con ser guitarrista. Consiguió un “cavaquinho”, instrumento de cuatro cuerdas. Un día, alguien lo escuchó tocar y en poco tiempo se convirtió en el número atracción de ese local.

Tenía quince años cuando forma dúo con el guitarrista local Gastón Bueno Lobo, se pusieron “Los Lobos” y registraron algunos tangos y algunas adaptaciones en tiempo de tango: “Vividor”, “Mi chiquita”, “En un pueblito de España”, “La cumparsita” y “Guitarra que llora”, tema que le pertenece y al que luego pusiera letra Enrique Cadícamo. Lo estrenó Agustín Magaldi y fue llevado al disco el 25 de agosto de 1928.

Llegaron a Buenos Aires en 1925 y, a instancias del sello Victor, se incorporaron a la compañía del actor Pablo Palitos, junto a Elvino Vardaro, para formar el “Trío Víctor”. Grabaron varios temas: “Recóndita” música de Fausto Frontera y letra de Celedonio Flores, “Página gris” de Enrique Cantore, “Un beso” de Vardaro, “El presumido” de Ángel Villoldo.

Supo acompañar, en su juventud, a Magaldi, en alguna grabación, y también a Rosita Quiroga. Se lo reconoce fácilmente por los sones de una guitarra hawaiana.

«Luego nos fuimos a Madrid, era 1929. Allí nos separamos, yo me quedé un tiempo en España y me largué a París. Por entonces tenía un número con un bailarín, Harry Fleming. En 1932, me contrató la famosa Josephine Baker, la acompañaba en algunos números y pronto dirigí la orquesta, éramos los “Baker Boys”. Allí frecuenté el Hot Club de Francia, conocí a los grandes músicos, hice muchas cosas, hasta 1940. Ya con la guerra, cuando los alemanes llegan a Francia volví a mi país».

Nunca estudió, fue un intuitivo total, su música tuvo mucho que ver con sus lejanos genes africanos. Armonizaba con tanta perfección que producía la admiración de los colegas de renombre. Cuando ya grande le preguntaron por los músicos que a su entender armonizaban bien, contestó: «De acá me gustan Horacio Salgán y Ástor Piazzolla. Enrique Villegas me gusta mucho, a pesar que dicen que es medio loco».

De los antiguos clásicos le gustaba Johan Sebastian Bach: «Es el padre de la música. Él es mucho más viejo que el jazz e hizo mucho jazz sin saberlo, claro». De los clásicos más modernos destacaba a Claude Debussy y a Maurice Ravel: «Me hacen ver las cosas». En el tango, cuando se le requería entre Aníbal Troilo y Piazzolla, decía: «Son dos cosas distintas. Piazzolla mete mucho jazz en el tango, Troilo es más puro tocando. No quiere decir que sea mejor bandoneón o que sea mejor músico. Yo lo tengo a Piazzolla como un gran músico. Salgán también tiene influencias del jazz, a mí me encanta, tiene mucha musicalidad adentro».

Oscar hizo bailar a toda la juventud de la década del 40 que frecuentaba el antiguo “Gong”, el “Richmond Suipacha”, la confitería “Adlón”, de la calle Florida. En 1941, creó un quinteto sin piano para que lo acompañe como solista, eran tres violines —uno de ellos el chileno Hernán Oliva—, contrabajo y batería.

En 1974, vivía con su esposa en la calle Maipú a media cuadra de Corrientes: «Hace 16 años que vivó aquí, me ven permanentemente, pero a nadie se le ocurrió llamarme para el “Maipo” o “El Nacional” u otro espectáculo importante. Tengo alumnos, en este momento veinticuatro, y sigo componiendo y tocando.

«El guitarrista de jazz que más me ha gustado fue Charlie Christian, porque tocaba a lo negro, jazz, jazz. Lo conocí mucho a Django Reinhardt, que tenía la manía de decir que el jazz era gitano. A mí me reventaba eso y peleábamos por esa frase. Él era gitano y metía esa influencia en una música que no lo era. Tocaba muy bien, pero con mucha gitaneada. Y tenía muy buena técnica en las dos manos. Siempre tocaba con púa, no con los dedos. Acá pasa con Piazzolla que mete mucho jazz en el tango, yo lo admiro y también lo critico. Troilo no, es tanguero a muerte.

«De profesional, nunca toqué folclore argentino excepto una vez. Fue una noche de navidad en Budapest, cuando estaba con Josephine, ella alquiló un restaurante para que todo el elenco estuviera junto. Después de comer, pidió que cada uno tocara algo, pero que no fuera lo habitual. Cuando llegó mi momento se me ocurrió tocar un gato que fui creando ahí, con zapateado y todo. Aplaudieron mucho. Yo salí corriendo para la cocina y me puse a repasarlo para no olvidarme. No lo olvidé y, muchísimo tiempo después, lo grabé con el nombre “El perrito”, tal cual era».

Como solista, llegó al disco con algunos tangos adaptados a su gusto en tiempo de jazz y con sus propios arreglos e improvisaciones. Fueron los casos de “Milonga triste”, donde canta parte de la letra de una forma poco convencional, su tema homenaje “Al gran Horacio Salgán” y “La cumparsita”, en el mismo tono que los anteriores.

En el año 2002 se estrenó “Oscar Alemán, vida con swing”, un excelente film documental, escrito y dirigido por Hernán Gaffet. Realizado en el año 2002, es una obra que plasma la brillante vida musical y dolorosa vida personal, del genial guitarrista. Se ha convertido en una pieza fundamental de rescate y referencia sobre uno de los más geniales —y a la vez olvidado— músicos que dio la Argentina.

Alessio, Enrique

(Por Abel Palermo)

Músico, director, arreglador y compositor
(8 de enero de 1918 - 6 de septiembre de 2000)
Nombre completo: Carmelo Enrique Alessio

Este olvidado artista fue un destacado músico y bandoneonista, requerido por las orquestas de primer nivel y de muy distintos estilos, no sólo como instrumentista, también como arreglador y director. Tuvo la virtud de poseer un amplio concepto musical que le permitió lucirse con extremos tan opuestos como lo fueron Pugliese y D'Arienzo y, por supuesto, con su propia formación.

Nació en el barrio de Villa Crespo de la Ciudad de Buenos Aires. Sus primeras actuaciones las realizó a partir de 1935, integrando un trío de bandoneones junto a Manuel Daponte y Luis Bonnat, hasta que fue convocado por el pianista Osvaldo Pugliese para integrar su flamante orquesta.

El debut fue el 11 de agosto de 1939, en el histórico café El Nacional, de la calle Corrientes. Integraron esa primera agrupación: Osvaldo Pugliese (piano y dirección), Enrique Alessio, Osvaldo Ruggiero y Alberto Armengol (bandoneones), Enrique Camerano, Julio Carrasco y Jaime Tursky (violines), Aniceto Rossi (contrabajo) y Amadeo Mandarino (canto).

Enrique permaneció junto a don Osvaldo hasta fines de 1944. Podemos disfrutarlos en las grabaciones de 1943-1944, destacándose el estilo "decariano" de la orquesta, en los temas "Mala junta", "Recuerdo", "El rodeo", "El remate", "Amurado", "Tierra querida" y "Mala pinta". Es destacable, en esa etapa de Pugliese, el afiatamiento de la línea de bandoneones, con el insuperable trabajo en las cuerdas de Camerano y Rossi.

En 1943, se integraron los bandoneonistas: Esteban Gilardi y Oscar Castagniaro y el violinista Oscar Herrero.

La desvinculación de Alessio lo causó el requerimiento del exitoso cantor Alberto Castillo, para sustituir en los arreglos y en la dirección de su orquesta, al violinista Emilio Balcarce. La formación quedó integrada por: Enrique Alessio (arreglador y director), Ángel Condercuri , Luciano Leocata y Antonio Scelza (bandoneones), Armando Ziela, Alzidio Fernández, Frederik, Potenza (violines), Francisco de Lorenzo (contrabajo) y el excelente músico uruguayo César Zagnoli (piano).

En 1948 se reprodujo el mismo episodio, pero esta vez con la orquesta del cantor Alberto Marino, al desvincularse Emilio Balcarce de la misma, siendo convocado Alessio para conducirla. Su paso por la orquesta nos deja un registro: el tango "Mano cruel".

Al finalizar el año, los directivos de Odeon, que ya conocían del talento del músico, a través de su paso por las orquestas anteriormente mencionadas, decidieron darle una oportunidad en el disco, como director de su propia orquesta. Así fue que registra cuatro temas, en 1949, los instrumentales "Tiny", de Pedro Maffia, "El remate", de Alberto Pugliese, "El recodo", de Alejandro Junnissi y, con la voz de Mario Delía, "Mi Buenos Aires querido".

Al año siguiente, ocurrió un hecho importante en la orquesta del maestro Juan D'Arienzo, fue la desvinculación de uno de sus puntales, su primer bandoneón y arreglador, Héctor Varela, quien iniciaría su exitosa etapa como director de su propia formación. Con este también se fueron, el bandoneonista Alberto San Miguel y el cantor Armando Laborde.

A través de una sugerencia del bandoneonista Carlos Lazzari, D'Arienzo convence a Enrique para incorporarse a su orquesta, como primer bandoneón y arreglador la que queda integrada con: Enrique Alessio, Carlos Lazzari, Aldo Junnissi y Felipe Ricciardi (bandoneones), Cayetano Puglisi, Blas Pensato, Jaime Ferrer y Clemente Arnaiz (violines), Virgilio Victorio (contrabajo) y Fulvio Salamanca (piano).

El debut en el disco llegó con su tema: "Un tango para mi vieja", con la voz de Alberto Echagüe, quien compartía las voces con Roberto Lemos, que reemplazó a Armando Laborde.

Durante siete años permaneció con D'Arienzo. Su alejamiento se produjo a raíz de un importante contrato que nuevamente le ofrece Odeon y rearmó su orquesta. Tuvo como cantores a Hugo Soler, quien había pasado por las orquestas de Alfredo Gobbi y Joaquín Do Reyes y al notable José Berón, hermano de Raúl, Elba, Rosa y Adolfo.

Alessio registró, con la voz de Soler, el tango "Ríe payaso", con José Berón, "Milonguita", "Por las calles deL tango", "Y no pediste perdón" y los instrumentales "La cumparsita", y "Catamarca".

Durante tres años tuvieron gran acogida, sus actuaciones en Radio El Mundo, en bailes, cabarets y confiterías.

Por último, quiero destacar su obra como compositor, a partir de su primer suceso con Alberto Castillo, el tango "Se lustra señor". También le pertenecen: "Cantemos corazón" grabado por Libertad Lamarque y Carlos Di Sali, "Mi amor y tu amor", "Te odio y te quiero", "Pero te seguiré queriendo", "De corazón a corazón", "Papá", "Un vals para mamá", los instrumentales "Bien porteña" y "Julie", este ultimo grabado por Osvaldo Pugliese en 1959.

En octubre de 1999, el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, le otorgó la distinción al Mérito Ciudadano en reconocimiento a su valiosa y dilatada trayectoria en la música popular. Murió en Mar del Plata, ciudad balnearia donde poco tiempo antes había instalado su residencia.

Alippi, Elías

(20 de enero de 1883 - 3 de mayo de 1942)
Nombre completo: Alippi, Elías Isaac
Autor y actor

Se lo recuerda como uno de los mejores artistas del teatro rioplatense, al que sumaba sus grandes cualidades de bailarín de tangos puestas de manifiesto en todos los escenarios.

Debutó en las tablas en 1903 con la compañía de Jerónimo Podestá en el teatro "Comedia".

Tuvo después la propia formando rubro con Francisco Ducasse, José González Castillo y Enrique Muiño, entre otros; el titulado Muiño-Alippi es el que el público no olvida, es el que siempre se recuerda cuando se habla del buen teatro argentino.

Como autor se dio a conocer con el sainete "Fresco el Andarín" escrito en colaboración con Augusto Garrido. Produjo muchas piezas más, de las cuales recordamos "El Indio Rubio"; "El Dolor Ajeno", con José de Lara; "¡Viva la República!", con Maroni y Sanromá; "Hay que hacer algo por la revista" con Maroni y Alberti; "¡No se jubile don Pancho!", "Mi mujer quiere casarse", "El conventillo de las catorce provincias", "El cantar de los tangos", "La borrachera del tango", "Tarantini y Cía", con Antonio Botta; "Sos bueno vos también", con Folco Testena; "Con esta...sí", "Atención al fogonazo", "Hasta el San Martín no para", con Pascual Contursi, "Telones y Bambalinas", "Del tango al Charleston", etc.

Aportó a la cinematografía argentina su gran talento en "Cadetes de San Martín", la primera en 1936, "Viento Norte", "Así es la Vida", en las tres formando el famoso rubro Muiño—Alippi; "El mejor papá del Mundo"; "Medio Millón por una mujer", con Eva Franco y "Callejón sin salida", con Maruja Gil Quesada. Estas son sus películas.

Fue uno de los amigos mejores que tuvo Carlos Gardel, y por ende el dúo Gardel-Razzano.

A la muerte del gran cantor, recordándolo dijo cierta vez: "Conocí a Carlos en un camarín del teatro "Nacional" por 1907 ó 1908, en noches de bohemia. Era ya un muchacho simpático que llevaba su sonrisa en la boca con algo de ostentación; daba la sensación de que estaba derrochando siempre alegría. Por 1913 yo tenía compañía con Ducasse en el mismo "Nacional". Una noche fuimos al "Armenonville" donde cantaban Gardel y Razzano y los contratamos a $ 20.00 por noche. ¡Eran tiempos heroicos! Tiempo después por 1915 fuimos al Brasil, fracasamos y volvimos sin plata, pero Gardel dejó gratos recuerdos".

Recordemos que al regreso del Brasil, formó la "Compañía Tradicionista Argentina" que con la dirección de José González Castillo representó en el teatro "San Martín", a fines de 1915, "Juan Moreira", "Santos Vega" y "Martín Fierro" con el aporte del dúo Gardel—Razzano y sus canciones.

En esas representaciones intervinieron hombres a quienes mucho le debe la canción popular argentina: Carlos Gardel, José Razzano, José González Castillo, Arturo de Bassi, Juan Sarcione, José Ricardo, Horacio Pettorossi, Amaro Giura, Francisco Martino, los hermanos Navarrine, D'Angelo, y el mismo Alippi que escribió varios tangos.

Después de una de aquellas funciones Gardel casi perece en el "Palais de Glace", en un altercado por defenderlo; Razzano recordó para la revista "Cine Argentino" así ese triste hecho: "Una noche, al salir del "San Martín", después de la función, reunidos en la esquina de Esmeralda y Sarmiento, donde estábamos Alippi, Morganti, Abelenda, Alfredo Deferrari (que con Ernesto Laurent fueron los grandes amigos de Gardel), éste y yo, se propuso ir al "Palais de Glace", que era entonces muy concurrido por patotas de jóvenes bulliciosos. Deferrari se solidarizó con mi negativa de ir allí, pues preferíamos el "Armenonville", donde no se producían tantas peleas.

No obstante nuestra posición, allá se fueron ellos, y Deferrari y yo nos quedamos para ir al café de Rincón y Rivadavia, punto clásico de reunión de nuestro grupo. Al salir los muchachos del "Palais de Glace", Alippi saludó a un núcleo de jóvenes, quienes le negaron el saludo, y, a raíz de esto, se inició un incidente que se resolvió con un desafío a pelear, prestamente aceptado por ambos bandos. Salieron del "Palais de Glace" a una plazoleta de la avenida Alvear; los desafiantes primero y Gardel y sus amigos después. Al llegar al sitio indicado, el primero en bajar fue Carlos, siendo recibido con un balazo que le tocó el pulmón, poniendo en serio peligro su vida, pues estuvo durante cuarenta días entre la vida y la muerte. La bala aquella no le pudo ser extraída jamás, llevándola Gardel durante toda su vida".

Fue la madrugada del 11 de diciembre de 1915, día que Gardel cumplía 25 años de edad.

Alippi nació en Buenos Aires el 20 de enero de 1883 y allí falleció el 3 de mayo de 1942.

(Véase Schaefer Gallo, Carlos)
(Véanse Betoret, Francisco y Demon J.)

Del Greco, Orlando: Carlos Gardel y los autores de sus canciones, Akian Ediciones, Buenos Aires 1990.

Almada, Carlos

Cantor
(26 de marzo de 1918 - 9 de julio de 1982

Nació en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Villa del Parque. Tenía una voz potente, un marcado vibrato, un decir muy porteño y fue el creador de un estilo interpretativo, que luego sería adoptado por muchos cantores a partir de la década del cincuenta. Podemos mencionar, como ejemplo, a Julio Sosa y a Luis Correa, entre otros.

Durante muchos años estudió con el maestro Eduardo Bonessi. A los doce años participó en un espectáculo que se realizó en la Avenida de Mayo, organizado por la intendencia de la ciudad, cantando el tango, "Serpentina de esperanza".

En 1932, fue convocado por el violinista Oscar de la Fuente, para realizar los cantables en su sexteto. Actuaban en el Café El Nacional, de la calle Corrientes. Luego, pasaría por las orquestas de Hugo Calasi, Alberto Pugliese, hermano de Osvaldo, y por la agrupación de Alejandro Scarpino, hasta que, en 1944, se integró a la orquesta dirigida por Víctor D'Amario, junto al cantor Adolfo Rivas.

En 1946, fue requerido por el maestro Lucio Demare para reemplazar al cantor Horacio Quintana, quien se había alejado junto al violinista Raúl Kaplún, para formar el rubro: Kaplún-Quintana. El paso de Almada por esta orquesta fue de suma importancia para su desarrollo profesional. Con ella realizó actuaciones radiales, cantó en la Confitería Rucca e hizo una importante gira por el exterior del país, destacándose su presentación en Cuba.

La sola presencia de Demare en la isla, era una garantía de éxito. Recordemos su triunfal paso con el Trío Irusta-Fugazot-Demare. Lamentablemente no quedó ninguna grabación registrada de esa etapa.

Cuando regresaron a Buenos Aires, ingresó en la orquesta de Edgardo Donato, compartiendo el escenario con el joven cantor Oscar Ferrari, recién dado de baja del servicio militar. Actuaban en Radio El Mundo, en la confitería "La Armonía" de la calle Corrientes 1443, en Tango bar, Corrientes 1239 y en el dancing "Marabú", de Maipú 365. El dúo de cantores permaneció, con mucho éxito, hasta 1949, luego Ferrari se fue con José Basso para reemplazar a Ricardo Ruiz.

Recién en 1950, Almada grabó con Donato, para el reciente sello Pampa, sus registros fueron: "Che bandoneón", "Mamboretá", "A media luz", "Pituca", "Se va la vida", "Qué fenómeno", "Cómo se pianta la vida", "El patio de la Morocha", "El vinacho", "Por quién doblan las campanas", "El camión", "Muchacho", "El huracán", en una versión de Donato que batió récord de ventas. Los otro cantores de la orquesta eran Adolfo Rivas, quien grabó dos temas y Hugo Roca, registró uno. El último registro suyo fue el tango "Mi serenata", en junio de 1952, a dúo con Alberto Podestá.

Se fue de la orquesta de Donato y pasó a la de Alfredo Gobbi reemplazando a Héctor Coral. Con "El Violín Romántico del Tango", grabó "As de cartón", en abril de 1953, luego dos temas más: "Aunque seas mujer" y "Por qué canto así". A pesar del éxito logrado con Gobbi, al cumplirse el año de contrato, y por motivos económicos, se incorporó a la formación de Víctor D'Amario. Gobbi contrató en su lugar, a Tito Landó.

Almada estuvo en esa orquesta dos años y, en 1956, volvió con Lucio Demare, realizando un importante ciclo por Radio Belgrano.

En 1959, se incorporó por segunda vez a la orquesta de Donato, junto al vocalista Artemio Rolando.

En la década del sesenta sus actuaciones fueron espaciadas. Su bohemia se acrecentaba, su salud se deterioraba, hasta que, a los sesenta y cuatro años, a raíz de un sincope cardíaco, nos dejó para siempre.

Fue, sin duda alguna, un simpático personaje de la noche de Buenos Aires y un gran intérprete de nuestra música ciudadana.

Almafuerte (Palacios, Pedro)

El verdadero autor de “A mi madre”

(Por Ricardo García Blaya)

Siempre se difundió, erróneamente, que la canción “A mi madre (Con los amigos)”, famosa por la versión de Carlos Gardel, fue escrita por Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte. Incluso nosotros también incurrimos en esa inexactitud, al reproducir la semblanza del poeta, que está en el libro "Carlos Gardel y los autores de sus canciones", de Orlando del Greco, editado por Héctor Lorenzo Lucci.

El error no es nuestro sino, en todo caso, del autor del mencionado libro, pero en honor a la verdad, en aquellos tiempos era un dato que todos los investigadores y estudiosos del tango daban por sentado.

Tenemos que tener en cuenta, que en la época que salió a la venta el disco de “A mi madre”, no existía ninguna institución donde se pudieran registrar las obras.

La falsa adjudicación se produjo porque los versos y sus autores fueron publicados en “El alma que canta”, una revista muy popular, en la que se recopilaban las letras y el nombre de los creadores de los temas de moda. Y allí figuraban, Carlos Gardel y José Razzano como compositores y Almafuerte, como letrista.

Pero a fuerza de ser sincero, hubo un señor que siempre sostuvo que la letra era ajena, que no pertenecía a Almafuerte. En efecto, el poeta Eduardo Moreno sostenía esta convicción, a raíz de una conversación que sostuvo con el periodista Juan José de Soiza Reilly, en la que le contó que el propio Palacios, en su casa de La Plata, le negó su autoría.

Tan seguro estaba de la falsa adjudicación que sobre el asunto hay una nota suya, en la revista “Cuadernos de difusión del tango”, que dirigía Salvador Arancio, publicada en marzo de 1993. Pero no fue mucho más allá, nada sabía de la existencia de otra persona firmando al pie del poema.

Otro de los que estudió el tema, es Ricardo Ostuni, quien en su artículo “Carlos Gardel – Almafuerte, la dupla que no fue”, hace un enjundioso estudio de las características poéticas de Palacios y pone a la luz una poesía, “Últimos ayes de un bardo”, firmado por S. Alfredo Robles, con los mismos versos de la canción “A mi madre”.

Fue publicado en la revista Club de Tango Nº11, en octubre de 1994, dirigida por nuestro querido amigo Oscar Himschoot, donde concluye que nunca Almafuerte había utilizado el seudónimo de S. Alfredo Robles, siempre utilizó apodos uninominales. Sin embargo, confiesa no haber encontrado datos acerca de este señor.

Cuando llegó a nuestras manos una fotocopia de la revista “Bric a brac” (citada por Ostuni), de noviembre de 1896, obtenida de la Biblioteca Nacional, con los referidos versos, nos picó el bichito de la curiosidad.

La primera conclusión que sacamos fue en relación a la fecha de su creación, ya que esta poesía encontrada en una publicación de 1896, sería bastante anterior a la canción y, este señor Robles podía tratarse de una persona de carne y hueso y no de un seudónimo.

Hoy, en el 2010, revisando en Internet unas páginas venezolanas de literatura, se develó la incógnita. Así, nos enteramos que el nombre completo de autor era Sebastián Alfredo Robles, nacido en Venezuela y que fue periodista, escritor, poeta, director y cofundador del periódico “La Fraternidad Literaria”, en el año 1885.

Esto quedó ratificado por otro descubrimiento que hicimos inmediatamente después; en la Biblioteca Nacional de España, encontramos la misma poesía y firma, en un número de la revista “La España Moderna”, una publicación del año 1893. Es decir, tres años antes de la de “Bric a brac”.

Hace poco, asistí a una reunión en la Embajada de España, donde Ostuni hizo la presentación de un libro. En la charla que mantuvimos, salió el tema en cuestión; él también, había arribado a los mismos resultados.

Conclusión, la convicción de Eduardo Moreno, las conjeturas de Ricardo Ostuni y nuestra curiosidad, llegaron a un final feliz pero incompleto. Detectamos al verdadero autor de “A mi madre (Com los amigos)” y su nacionalidad, pero aún nos queda el desafío de conocer más sobre la vida y trayectoria de Sebastián Alfredo Robles. Seguiremos rastreando.

Alonso, Alberto

(Por Ricardo García Blaya )

Pianista, director y compositor
(12 de abril de 1893 – 27 de septiembre de 1974)
Nombre completo: Alberto Domingo Alonso

Nació en Montevideo (Uruguay). Fue uno de los mayores promotores del tango en su ciudad natal, en una época de lento crecimiento con respecto al que se daba en la orilla de enfrente, en Buenos Aires –donde el género estaba en plena expansión-, como el mismo Alonso lo reconoce en su ensayo, “Así nació La cumparsita”:

«Montevideo venía rezagado en la carrera tanguística que se había iniciado auspiciosamente en la vecina orilla y se desarrollaba con caracteres bien definidos. Y aunque desde principios del siglo ya actuaban algunos guitarristas milongueros, no había aquí músicos tangueros propiamente dichos».

En los primeros años, conforme a como se fue instalando el tango en la ciudad, tocó el piano en “La pensión de Ema”, en la calle Durazno 868, casi Andes, una de las muchas pensiones (lugares donde frecuentaban las prostitutas) que abrían sus puertas a los músicos locales y también a los argentinos.

Su carrera fue extensa y fecunda, desarrollando una trayectoria que lo colocó entre los auténticos precursores del tango en su país, contribuyendo, asimismo, a la permanencia y exaltación del género, con muchas páginas de gran suceso, como el tango instrumental “La cachimba” y el cantable “Como la mosca”, con letra de Roberto Aubriot Barboza, que grabó Carlos Gardel en diciembre de 1930.

En 1907, concluyó sus estudios de piano, debutando profesionalmente en el cine Esmeralda, de la calle Jackson y Lavalleja, ejecutando música de salón, en los años del cine mudo.

Se desempeñó en dos populares sociedades milongueras: “La Trufa” y “La Piedra”. Muy joven, viajó por primera vez a Buenos Aires, donde fue contratado para actuar en los célebres cafés de camareras del barrio de La Boca.

A su regreso al Uruguay, tomó el lugar de su colega Harold Phillps, en el cabaret Moulin Rouge de la calle Andes y poco más tarde, formó rubro con el bandoneonista Minotto Di Cicco quien estaba haciendo sus primeras armas en el escenario tanguero.

Durante todo el año 1916, actuaron en varios locales entre ellos, en el Bar Chichilo y en el Café Nuevo, de la avenida 18 de Julio y Ejido.

Era un cuarteto que estaba integrado por sus directores, uno en el piano y el otro en el bandoneón y los violinistas Luciano Aturaola y Federico Lafémina.

Fueron a Buenos Aires, en 1917, para registrar una serie de temas para los discos Victor, entre los que se contó su famosa versión de “La cumparsita”, que por mucho tiempo se tomó como la primera grabación de este tango, pero luego se descubrió que no fue así; ese honor le correspondió a Roberto Firpo, un año antes, y apenas un mes después de haberla estrenado en el Café La Giralda.

Disuelta la orquesta Alonso-Minotto, continuó su carrera como director independiente y además, como pianista solista instalándose en Buenos Aires, entre 1918 y 1923.

En 1928, dirigió una orquesta clásica y un año después, alternó su tarea de solista con una nueva formación junto a Juan Baüer “Firpito”. Siguió haciendo música hasta el año 1937 cuando suspende sus actividades artísticas.

Finalmente, tuvo un fugaz regreso en la década del cincuenta, integró con Alberto Casablanca, Dante Sciarra y Tito Demicheri el conjunto “Cuatro Pianos para el Tango”, que hizo presentaciones en la radio, la televisión, dio conciertos en teatros y hasta realizó algunos registros fonográficos.

El hecho de haber escrito la historia de “La cumparsita”, que fuera editada en 1966, lo convierte en uno de los pocos músicos escritores del Uruguay, junto a Pintín Castellanos y Jaurés Lamarque Pons.

Además de “La cachimba” -que Alonso registró en solo de piano- y “Como la mosca”, le pertenece el tango “Puro cuento”, con versos de Francisco Ruiz París, grabado por varios intérpretes, entre ellos: Charlo dos veces, con Francisco Canaro (1928) y con Francisco Lomuto (1929); el Trío Irusta Fugazot Demare, en Barcelona (alrededor de 1930) y Armando Laborde con Juan D’Arienzo (1964).

Entre otras páginas de su obra, podemos mencionar: “La alborada”, “Leña seca”, “Nobleza criolla”, “Pebetita”, “Quereme nena”, “Yuyos”, “Pobre negro”, en colaboración con Aturaola; “Despertar”, “Tres de oro” y “Pobre hijo”, de los cuales no conozco ninguna grabación. También, hizo la zarzuela criolla, “Flor de trapo”.

FUENTES:
Legido, Juan Carlos: “La orilla oriental del tango. Historia del tango uruguayo”, Ediciones de la Plaza. Colección Testimonios. Montevideo, 1994.
Ferrer, Horacio: “El libro del tango”, Antonio Tersol Editor. Barcelona, 1980.
Academia del Tango del Uruguay, “Pianistas Uruguayos ”, en http://www.academiadeltangodelarou.com/content/tango38.htm.

Alonso, Oscar

(Por Néstor Pinsón )

Cantor
Nombre completo: Pedro Carlos Brandán
(12 de octubre de 1912 - 16 de enero de 1980)

Habrá sido por 1940 que tuve con él una breve relación de amistad. Nos juntábamos a tomar unas copas él y un café yo. Era en un bar que estaba en la esquina de Corrientes y Callao (Hoy librería "Zival's"). Dos cosas recuerdo claramente: la primera, cuando me cantaba bajito el nuevo tema que andaba masticando y te juro que me conmovía, creía estar escuchando a Gardel. La otra, cuando me confiaba que le gustaba el whisky y como se le secaba la boca mientras dormía, se iba a la cama con un sifón y un vaso.»
Esto me lo contó un amigo del ambiente radial.
En su notable novela "Don Segundo Sombra", su autor, Ricardo Güiraldes, escribe una larga dedicatoria a los personajes de la vida real que inspiraron su obra y, entre otras citas, "a mis amigos domadores y reseros" y, entre estos últimos se refiere a once nombres, uno de ellos es Pedro Brandán. Este resero estaba casado con una joven de apellido Muñoz y con la que tuvo 9 hijos, el segundo de los cuales resultó nuestro cantor.

En 1926 la familia se traslada a Buenos Aires, a la Capital, y apenas dos años más tarde, ya metido en el canto, debuta en un café de Lavalle y Esmeralda, y alguien ha dicho que su primera interpretación fue "La última copa". Era entonces Carlos Brandán. En 1929 llega a la radio La Voz Del Aire, para cantar acompañado por el trío de Vicente Fiorentino, allí también interviene en algunos radioteatros.

En 1932 se sube al mítico palquito del café Nacional, en la entonces calle Corrientes al 900. Lo acompañó la orquesta de Anselmo Aieta. Y han contado que cuando, al año siguiente, Gardel actuó por última vez en nuestro país, justamente en el teatro que estaba al lado, reparó en su canto y según testimonio de Alberto Vaccarezza pidió conocerlo y cuando esto ocurrió le vaticinó el mejor futuro. Había reparado en su registro de barítono y su recia interpretación provista de dramatismo. Está Oscar Alonso entre los contados cantores netamente de corte "gardeliano".

Con lo orquesta de Aieta también actuó en el viejo teatro San Martín en funciones que se transmitían por radio. Y, retornando a este medio, fue Juan Canaro quien lo presentó al propietario de radio Prieto. Fue el director artístico de la emisora quien lo rebautiza Oscar Alonso. (Respecto de esta persona, algunas notas lo nombran Eloy Álvarez, un actor cinematográfico de reparto en numerosas películas e incluso premiado por una de sus actuaciones, pero es posible que se trate de un error y aquel director fuera Eloy Fernández, según mi reportaje directo al cantor). En Prieto cumplió un par de etapas, en la que se extendió por los años 1938/1939 y compartió un programa con Hugo del Carril y cuando uno cantaba un tango el otro atacaba con un tema criollo. De 1939 a 1941 intervino en el teatro Liceo en la obra "Boite rusa" con los actores José Olarra, Pierina Dalessi, entre otros.

Siempre fue cantor solista, con extensas giras por América, como aquella que larga en Chile en 1945 y se extendió hasta Cuba donde estuvo largo tiempo, a punto de declarar que luego del suyo era el país que mas amaba. Tuvo también permanentes actuaciones por los barrios y ciudades cercanas a Buenos Aires, pero él recordaba especialmente veinticinco actuaciones continuas a sala llana, en el cine 25 de Mayo del barrio de Villa Urquiza.

Su carrera fue discontinua, tuvo etapas sin actuar y cuestiones personales lo llevaron a una carrera discográfica con grandes claros.

Debutó con "San José de Flores" y "Llueve" en el año 1936, acompañado por guitarristas diversos, entre ellos José Canet y circunstancialmente, por las orquestas de Argentino Galván, la estupenda etapa con Héctor María Artola y la final con Carlos García. Con este último registra muchos temas que fueron editados en cuatro larga duración, por los sellos Odeon y "Varieté", que también pertenecía a Odeon.

En su discografía hay temas curiosos como los "Versos de un payador al General Perón y Eva Peron", ya registrados por Hugo del Carril. También aquel titulado con el nombre del asesinado sindicalista Augusto Vandor y aquellos dos: "San Isidro" y "Seguí como sos", compuestos por Alberto Caroprese y Miguel Grosso, con letra de Melchor Posse (luego intendente de la ciudad de San Isidro).

Varios autores le cedieron temas para que fueran estrenados por él: "La abandoné y no sabía", "Por el camino adelante", "Barrio pobre" y otros. Y fue autor de un par de temas: "Yo no quiero que le escribas" y "Tardecita de campo".

Intervino fugazmente en algunas películas sin trascendencia. Pero su figura aparece en dos cortos de los varios que fueron producidos por el noticiero semanal "Sucesos argentinos" y de los cuales la mayoría se han extraviado. En el primero de ellos se ofrece el tango, "Que nunca me falte" y en el otro, una muy curiosa versión de "Senda florida", con la orquesta de Juan Polito y la intervención de Carlos Roldán y Chola Luna quienes, junto a Oscar Alonso, cantan por separado un fragmento cada uno.

El film "Mi noche triste" de Lucas Demare, estrenado en enero de 1952, con argumento inspirado con mucha fantasía en el gran letrista Pascual Contursi, termina con una escena final donde se escuha en "off", la voz de Alonso cantando el tango que da titulo al film.

En un reportaje, le pregunté a Troilo su opinión sobre Alonso y los cantantes en general y esto respondió: «Alonso fue el más grande cantor de tangos después de Gardel, sin ninguna duda, anotelo nomás Pinsón.»

Alposta, Luis

(Por Ignacio Xurxo con aporte de Ricardo García Blaya)

Poeta, escritor, conferencista y pintor
(30 de junio de 1937)

Galeno, escritor y bardo;
un buen hijo del lunfardo
y de Corrientes angosta.

Hace mucho que Enrique Cadícamo bocetó estos versos con cariño, pero la síntesis ya es incompleta.

A su condición de médico con largo ejercicio de la geriatría, hace ya muchos años que debe agregarse algo, según él enriquecedor: es homeópata de la escuela del mítico Paschero. Incluso forma y aconseja a nuevos especialistas: sus discípulos llegaron a sumar más de cien colegas hechos y derechos.

Ni el consultorio ni la enseñanza han conseguido mitigar otras viejas devociones y, por el contrario, acumula nuevas obras literarias. Se acercan a veinticinco los libros publicados. Desde 2000 es miembro de la Academia Nacional del Tango y de la Academia Porteña del Lunfardo, a la que ingresó en el lejano 1968. Ocho años después pasó a integrar la Junta Central de Estudios Históricos de Buenos Aires, donde aporta también como Presidente y fundador del organismo similar de Villa Urquiza.

Sin embargo, a pesar de tanta actividad, el deliberado bajo perfil de Luis Alposta no se desprotege únicamente en conferencias y programas radiales. Es inocultable la calidad de sus muchas canciones que, con ritmo de tango o de milonga, pueblan el aire de nuestras ciudades. Desde "Campaneando mi pasado", compuesta con Rosita Quiroga, ha acumulado decenas de creaciones, por ejemplo siete en común con Edmundo Rivero, entre ellas "A lo Megata", tango ya clásico en Japón, país al que visitó tres veces.

También fue amigo entrañable de Osvaldo Pugliese con quien firmó composiciones en común. Día a día otros descubrieron la calidad profesional, artística y fraterna de Alposta. Uno de sus mejores exportadores es hoy el Tata Cedrón, quien grabó en París siete de sus letras traducidas al francés. También allá fue aplaudida a través del bronco Daniel Melingo la suite “del horror”, con piezas alusivas a Jack the Ripper, Drácula, Jekyll & Hyde, el Vampiro y otros próceres sanguinolentos.

Recapitulemos: médico, poeta, historiador, académico y, habría que agregar, artista plástico esporádico con obras que han merecido el alto honor de ser robadas del Café Tortoni. Además de autor teatral, viajero con tres vueltas al mundo y etcéteras difíciles de agotar.

Alposta prefiere que lo califiquen amigo, amigo de tanta gente famosa que su hogar y consultorio, en el corazón de Villa Urquiza, guarda infinidad de memoria escrita, pintada o esculpida que es historia de la propia casa, pero sobre todo recuerdo vivo de una ciudad.

¿Puede creerse que, además de la torrencial actividad del dueño, él haya creado allí tiempo y espacio para el bullicioso tránsito de una feliz y numerosa familia? La persona que en realidad “compone” todo el tiempo es su joven esposa Vicky. Las fuerzas opuestas, a veces ocultas en sus propios misterios son “los chicos”: Luis, Ignacio, Emilio y Virginia, que se escalonan entre la preadolescencia y todos los ruidos del mundo.

A pesar de todo, el doctor Luis Alposta sueña y elabora allí sus propias armonías. No cabe duda, por la cantidad y calidad de los insólitos elementos que elige y va mezclando, que la creación multiforme a la que dedica su vida es rara y ardua, pero única. Seguramente una sinfonía.

Nota de dirección:
Resulta interesante transcribir unos párrafos que hiciera nuestro querido Jorge Waisburd, en ocasión de la presentación de “Mosaicos Porteños”, uno de los libros de Luis Alposta:

«Hay que decirlo: Luis es muchos Alpostas. El médico, el vecino de Urquiza, el estudioso, el amigo, el poeta, el pibe que se esconde detrás del tordo tordillo, el coleccionista, el esposo y el padre, claro. O sea: Luis Alposta está hecho de mosaicos, todos porteños, como su libro, armado como un gran mural artístico del que surgen emociones, enseñanzas, y esa característica de los creadores que buscándolo —o sin querer—, provocan el asombro.

«Luis es el que sin prejuicios escribe con Edmundo Rivero, con el Tata Cedrón o con el rocker Daniel Melingo. El que fabrica fábulas, tangos, micros para radio o capítulos del libro con personajes de una increíble galería, que van desde “el pendejo que se ahogó en el río”, hasta el Barón Megata o el mismísimo Conde Drácula, por mencionar sólo tres».

Y también, por Waisburd, la nota que envió a la Editorial Badosa de Barcelona, por un motivo similar:

«No me asombra, pero me maravilla. No me asombra, digo, porque conozco -en parte-, la increíble, prodigiosa, generosa obra de Luis Alposta. Me maravilla, digo, porque este poeta es como un océano capaz de bañar todas las costas.

«Puede darse vuelta como una media (como intentó Serrat con Tarrés), y al mirarse por dentro reflejarnos a todos, —uno por uno—, en el espejo. El que dijo “Los mutilados y los despreciados abrieron las ventanas festejando sus alegrías. Pudieron reír sobre los libros bailando en el espacio en que las mariposas dejan huellas”.

«También, es el autor de sonetos lunfardos, páginas sueltas, mosaicos porteños a la manera de un Arlt del siglo XXI, observaciones inauditas, creatividad sin límites, porteñeza universal; todo impregnado de poesía.

«Alposta es un volcán en permanente erupción, que nos enfrenta a un abismo que de tanta poesía, a veces da vértigo».

Una confidencia final. Estaba con Federico haciendo nuestra rutina diaria de buscar y agregar contenido, cuando nos percatamos que nunca habíamos incluido la semblanza de Luis en las páginas de Todo Tango. No lo podíamos creer.

Intentamos dilucidar el motivo de tan paradójica omisión y sólo pudimos inferir, que la causa de tamaño descuido debía obedecer a la frecuencia permanente de nuestro trato -tanto en la Academia Nacional del Tango como en las charlas cotidianas que compartimos por teléfono o a través del correo electrónico-, todo lo cual, daba por sentado, que ya habíamos, largamente, superado el paso de su publicación.

Por eso me parece importante una última reflexión de nuestra parte. La obra de Luis, sus tangos, sus poemas y su prosa, más allá del alarde lunfardesco y porteño que se le reconoce, pinta una acuarela del hombre de la ciudad, con una pluma talentosa, llena de humor y sensibilidad que son propias de un tipo inteligente y comprometido como es él.

Se anima, además, a abordar personajes insólitos y muy lejanos a la temática del género y así desfilan, vampiros, descuartizadores y hasta el mítico Frankestein, en letras plenas de gracia y originalidad.

A esto, debemos sumarle su natural disposición para todo lo que sea la investigación y difusión del tango y su constante colaboración con nuestro trabajo.

En resumen, estamos en presencia de otro gran lujo de Todo Tango que, como la sopa de letras, mezcla dentro de una gran cacerola colmada de vida, a la homeopatía, la pintura, la poesía y los tangos.

Alvarez, Daniel

(Por Ángel Giuseppetti)

Bandoneonista, director, arreglador, autor y compositor
(18 de febrero de 1908 – 6 de octubres de 1983)
Nombre completo: Daniel Héctor Álvarez
Apodo: Sardina

En el comienzo estudió violín con los maestros Andrés Saggese y Miguel Gianneo, iniciándose profesionalmente a los catorce años en el Café Germinal. Luego, con el bandoneonista Juan Fava y el pianista Adolfo Pitzer se prresentó en un local de la calle Triunvirato al 700.

Posteriormente, estudió el bandoneón e integró el quinteto de Antonio Scatasso, con Alberto Pugliese (violín), Fidel Del Negro (piano) y Mario Melfi (batería).

En 1926, reemplazó a Ricardo Brignolo en la orquesta de Francisco Lomuto, que debutó en el Cine-Teatro Grand Splendid, iniciando en esta misma época la serie de grabaciones eléctricas en el sello Odeon. Junto a él estaban Luis Zinkes y Haroldo Ferrero (bandoneones), Leopoldo Schiffrin, Armando Gutiérrez y Carlos Taverna (violines), Oscar Napolitano (piano), Alfredo Sciarreta (contrabajo), Carmelo Águila (clarinete), Natalio Nappe (pistón), Desio Cillotta (batería) y los cantores fueron Antonio Rodríguez Lesende, Charlo y El Príncipe Azul, alternativamente.

En 1931, Lomuto inició sus grabaciones en el sello Victor. A la línea de bandoneones se habían agregado Américo Fígola y Jorge Argentino Fernández, saliendo Ferrero. Por entonces, ya comienza a ocuparse de algunos arreglos, que hasta ese momento venía haciendo solamente Carmelo Napolitano. Fue una época de mucho trabajo, la orquesta de Lomuto actuaba en el Teatro Coliseo, en el Hotel París, en el Teatro Variedades, en el Club Náutico, en el Teatro Boedo, en el Rivera Indarte, además estaban los bailes y otros tipos de presentaciones. En 1932, la orquesta de Lomuto con su primer bandoneón Daniel Álvarez participan de la fiesta de “La evolución del tango”, realizada en Mar del Plata.

En Buenos Aires el conjunto participa de distintos espectáculos teatrales y, en el Teatro Colón, forma parte de “La fiesta del tango”, donde se consagraron dos tangos con viento: “El huracán” y “Ventarrón”, ninguno de los dos los llevó al disco Lomuto.

Fue en esos años, en 1934, cuando se independiza para probar suerte con su propio conjunto. Lo formó con Armando Baliotti (piano), Claudio Casano y Benjamín Holgado Barrio (violines), el propio Álvarez, Nicolás Pepe y Ricardo Pedevilla (bandoneones), Bacigaluppi (contrabajo) y Agustín Volpe como cantor. Entre otros trabajos se destacan sus actuaciones en las radios Stentor, Ultra y Splendid. Al año siguiente esta orquesta acompañó presentaciones del trío Irusta-Fugazot-Demare y, en 1936, disuelto el conjunto, integra el trío junto a Antonio Rodio y Alfredo Malerba, que acompañaba a Libertad Lamarque.

Pasado un tiempo, volvió a intentar con orquesta propia. Allí estaban Antonio Lemos, E. Trajtenberg y Adolfo Quarente (violines), Eduardo Del Puerto, C. Longo y A. Latorre (bandoneones), A. Rosacruz (piano), Hamlet Greco (contrabajo) y la curiosidad de contar como vocalista a Francisco Fiorentino. Actuaron en Radio Ultra y luego hubo una larga gira por Tucumán y otras provincias.

Posteriormente, organizó con Alfredo De Angelis un conjunto que codirigieron para actuar en el Café Germinal y, nuevamente, en Radio Ultra.

En 1937, integró “Los magos del tango”, con Juan Polito (piano), Nicolás Pepe y Álvarez (bandoneones), Bernardo Sevilla (violín) y el cantor Pedro Arrieta, quien cuando se incorporó a las huestes de Miguel Caló, pasó a llamarse Roberto Arrieta. Por esa época acompañó también, a las cancionistas Adhelma Falcón y Tita Galatro por Radio Excerlsior.

Entre 1939 y 1942 realizó presentaciones junto al famoso dúo cómico Buono-Striano. En 1944, siempre con su orquesta y ahora con el cantor Carlos Nelson, animó los habituales bailes del “Palermo Palace” y del “Dancing Girls”, para luego viajar a Mar del Plata.

En 1947, se casó con Aurelia Monserrat, el matrimonio vivió en Carlos Calvo 3913, luego en Rondeau 1899, donde nació su primer hijo, Daniel. En 1952, nació su hija María Cristina, en ese tiempo acompañaba a Alberto Marino, y participaba en los espectáculos teatrales de Blanquita Amaro, en el Teatro Astral. Con esa compañía viajó a Brasil en gira.

Se sucedieron diversas alternativas, pasó el tiempo y cada vez le resultó más difícil mantenerse con el tango, ya vivía en Castelar cuando decidió abandonar su labor musical. Se incorporó a SADAIC como inspector general recaudador, actividad de la que se jubiló en 1968.

Si extensa fue su trayectoria como instrumentista y director, no fue menor su producción autoral. La siguiente es una síntesis de sus títulos de mayor repercusión: “Sólo a una madre”, con letra de Máximo Orsi, que grabó Francisco Lomuto en 1929; “Mar de fondo”, música de Oscar Napolitano y letra suya, que también grabó Lomuto, en 1931; “Aquel nocturno”, que además de Lomuto grabó Héctor Mauré entre otros; “Como se muere de amor”, un gran éxito que registró Lomuto en 1933 y posteriormente, lo hizo Alfredo De Angelis con Floreal Ruiz y glosas de Néstor Rodi en 1943, y repitió en 1964 con Roberto Mancini, más la memorable versión de Floreal Ruiz con José Basso; “Noches de luna”, con versos de Rafael Buono, que grabó Alberto Marino con orquesta, en 1952; “Volvamos a empezar”, con letra de Eduardo Maradei, un suceso por De Angelis con Oscar Larroca en 1953 y con Carlos Aguirre en 1967, también lo grabó Jorge Vidal con acompañamiento de guitarras.

También le pertenecen “Júralo que no”, letra de Héctor Gagliardi; “Misa de arrabal”; “Novia de cristal” y, con versos de Julio Camilloni, la zamba “Pasa la promesante” y el vals “Esperemos que cambie la luna”.

Publicado en Tango y Lunfardo Nro.111, diciembre de 1995.


 
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